Desde hace varias décadas la presencia de la poesía inglesa en la vida cultural española ha superado el desconocimiento que secularmente, con notables excepciones, flotaba en nuestro ámbito literario y nuestros escritores, entre los que, pasada ya la fecunda influencia renacentista italiana, venía imponiendo sus leyes la canónica tradición literaria francesa. Pero de un tiempo a esta parte, desde hace algo ya más de medio siglo, tanto en los medios editoriales como en los hábitos lectores, no sólo la narrativa, el teatro y el ensayo anglosajones, sino también la poesía, han venido gozando de una gran proyección sobre la vida intelectual española. Hasta tal punto que nombres como, no solo los más divulgados de Poe y Whitman, sino más minoritarios y elitistas como los de Blake, Keats o Emily Dickinson, e incluso los de Pound, T. S.Eliot, o Auden, han dejado una viva impronta en nuestra más reciente poesía, floreciendo también una notable serie de traducciones de poetas ingleses y angloamericanos.
El verano se acerca a su fin y Whitney y Jacob han organizado una barbacoa para sus vecinos, a la que asisten Blair, la mejor amiga de Whitney, con su marido e hija; y Rebecca y Ben, una pareja sin hijos. Mientras la anfitriona se divide entre su trabajo, la necesidad de atender a sus invitados y su incontrolable hijo Xavier, la anciana Mara, que ha preferido no asistir al evento, observa la fiesta desde su jardín, buscando los pequeños aviones de papel que Xavier le lanza desde su ventana por las noches. Cuando la madre pierde los nervios con el niño, todos optan por no darle importancia, una decisión que tendrán que revisar cuando, una madrugada meses más tarde, el pequeño caiga misteriosamente desde su ventana.
Mientras Xavier lucha por su vida, las mujeres de la calle Harlow se enfrentan a un dilema: continuar como si nada hubiera pasado o hacer caso por fin al rumor de su intuición, que destapará secretos que ninguna quería afrontar.
Ashley Audrain vuelve con una exploración de la amistad femenina, la envidia, los deseos potenciados y acallados por la maternidad y la inexorabilidad de la propia intuición en un thriller estremecedor de lectura urgente.
El anciano Ogata Shingo no consigue ganarse ni el amor ni el respeto de sus hijos, pero sin embargo puede oír el rumor de la montaña. Como cabeza de familia, le preocupa la decadencia moral de sus descendientes: Shuichi, a quien la guerra ha helado el corazón, está casado con la maravillosa Kikuko pero le es infiel y tiene un hijo con otra mujer; por otro lado, Fusako vuelve a la casa paterna con sus dos hijos tras haberse divorciado de un marido drogadicto. Tanto Shuichi como Fusako creen que su padre es demasiado viejo e interpretan sus silencios como senilidad. Pero, en realidad, el pensamiento de Ogata Shingo sigue activo, repleto de hermosas imágenes, de sonidos de la naturaleza, de aromas, de escenas. Bajo la fina capa de la vida familiar, cada uno de sus miembros vive, en solitario, su drama, luchando en unas ocasiones contra el amor y en otras, contra la muerte. El ganador del Premio Nobel de Literatura en 1968 nos deleita con una obra que gira en torno a la soledad, la muerte y la búsqueda obsesiva de la belleza.