El silbido vulnerable del jilguero me despierta, a veces, desde la ventana de la habitación. Y, como las gotas condensadas, empiezo a deslizarme por la memoria. Viajo otra vez a la tierra que habité, ahora curtida por el presente, y recuerdo todas las heridas existentes. Creo que fue en ese instante cuando empecé a escribir. O había sido antes, no sé. La memoria a veces es confusa. A veces, sin embargo, no escucho su silbido y hablo con el silencio, que me recuerda las ausencias que no vuelan. Entonces, les escribo y dejo que vuelen sobre el papel.
La poesía puede ser tan hermosa como variada, puede hablar de amores, de sueños, de decepciones, de risas, de llantos. En este libro, Al viento de New York, del poeta y escritor cubano Armando G. Muñoz, el lector encontrará una poesía con la que disfrutará del amor o del dolor que se siente cuando se vive lejos de la patria que te vio nacer.
Según Flaubert, una de las obras maestras del genial narrador ruso.
En el Moscú más elegante y refinado, un joven queda prendado de la enigmática Susanna Ivánovna, hijastra de un despótico profesor de música. Necesita saber más de ella y entender las trágicas circunstancias por las que se encuentra sola y desamparada entre extraños, como «una paloma blanca en una bandada de cuervos negros». El amor más trágico y las pasiones más oscuras brillan con luz propia en la exquisita prosa de Turguénev.