¡Que lean! Es importante que los niños y las niñas lean libros en papel. Que se sumerjan en ellos y que dibujen, subrayen y doblen sus páginas. Que atesoren libros, que acudan a las bibliotecas y que asistan a clase sin artefactos tecnológicos frente a ellos. Cientos de estudios demuestran que la lectura por placer tiene un impacto único en el aprendizaje cognitivo de los niños. Fomenta el lenguaje, los conocimientos generales, la creatividad, la atención, la escritura, la expresión oral, la autocomprensión y la empatía. No hay herramienta más útil para el desarrollo cerebral que un libro.
Frente a los efectos desastrosos de las pantallas, Michel Desmurget, uno de los neurocientíficos de referencia en este campo y la voz que más tiempo lleva alertando de los efectos perniciosos de las pantallas en el cerebro infantil, propone un enfoque optimista con soluciones concretas para evitar que nuestros hijos e hijas se conviertan en cretinos digitales.
La IA nos ayudará a hacer frente a crisis enormes, como el cambio climático, los conflictos geopolíticos y la desigualdad de ingresos, mediante la absorción de datos, la creación de autonomía y la intermediación entre los seres humanos y la realidad. Podría resolver algunos de los mayores misterios de nuestro universo, revolucionar campos tan diversos como la medicina y la arquitectura y elevar el espíritu humano a cotas inimaginables.
Aunque también planteará retos a una escala y con una intensidad nunca vistas, que mermarán nuestra capacidad de juicio y acción independientes, pondrá a prueba nuestra relación con lo divino e, incluso, podría impulsar una nueva fase de la evolución humana. ¿A quién elegiremos para guiar a nuestra especie a través de este desierto? ¿O es que ya lo hemos hecho, pasiva e inconscientemente?
Mientras traza el rumbo entre la fe ciega y el miedo injustificado, Génesis esboza una estrategia eficaz para navegar por la era de la IA. El último libro del estadista Henry Kissinger, escrito en colaboración con los tecnólogos Craig Mundie y Eric Schmidt, prepara a los responsables de la toma de decisiones del presente -es decir, a todos nosotros- para las elecciones del mañana y nos dota de los recursos necesarios para aprovechar las oportunidades que ofrece la IA sin sucumbir a las fuerzas más oscuras desencadenadas por esta revolución.
Tamara Petkévich gozó de una infancia privilegiada en la Petrogrado de los primeros años del régimen soviético, en el seno de una familia afiliada al Partido Comunista Bolchevique.Pero al cumplir diecisiete años su padre fue arrestado durante la Gran Purga, y la familia pasó a ser «enemigos del pueblo». Más tarde, ella y su marido recibirían una sentencia de siete años de trabajos forzados en el gulag. Allí desarrolló distintos oficios: controladora de producción en una fábrica, miembro de una brigada de cantera, enfermera... No obstante, si bien Petkévich se hizo actriz profesional después de su liberación, fue en los escenarios de los campos repartidos en la República de Komi donde aprendió su oficio. El suyo es un relato único que da testimonio del poder del arte para salvar vidas.