El juicio y la muerte de Sócrates constituyen un momento emblemático de la civilización occidental. La imagen que tenemos de aquellos acontecimientos (creada por sus seguidores inmediatos y perpetuada a partir de entonces por un sinnúmero de obras de literatura y arte) es la de un hombre noble condenado a muerte por un acceso de locura de la antigua democracia ateniense. Sin embargo, la acusación se centraba en la impiedad y la corrupción de la juventud, y también se sugería que Sócrates era un elitista que se rodeaba de personajes políticamente indeseables, lo cual tenía cierto fundamento desde un punto de vista ateniense.
Con notable pulso narrativo, Robin Waterfield expone todos los elementos que rodearon a uno de los juicios más famosos de la historia y nos ofrece una nueva perspectiva desde la cual puede explorarse toda una época.
¿Es lo común de la muerte que todos seamos mortales? No es a eso, a una propiedad consustancial y compartida entre los seres vivos, a lo que se refiere el título de este libro. La muerte en común es, por un lado, un intento de pensar en las consecuencias de perder a alguien que te constituye como persona y, por otro, de reflexionar sobre qué sucede en la comunidad cuando esto ocurre. Si, según se dice, quien no sabe afrontar una pérdida recae en un duelo patológico, ¿qué sucede en una sociedad en la que no se sabe hacer duelo? ¿Hay duelos patológicos a nivel comunitario? ¿Qué impacto tiene la pérdida de un miembro de la comunidad en el todo? ¿Es solo una cuestión 'privada' que debe resolver cada uno en su casa? ¿Qué impacto pueden tener la desaparición de los rituales compartidos y el acortamiento del tiempo que nos damos para superar esta vivencia? Para responder a estas preguntas este ensayo parte del recorrido que une en el mundo antiguo las nanas infantiles con el canto fúnebre conocido como nenia y analiza el sentido de las consolaciones para poder pensar nuestro propio tiempo y nuestra manera de afrontar la pérdida.
El kitsch ha cambiado. Lo que antes se consideraba un estilo de mal gusto, relegado al ámbito decorativo y asociado a la estética burguesa, se ha transformado en un «neokitsch» global que impregna la arquitectura, el ocio, la moda, el mundo del espectáculo e incluso la comunicación digital. Su influencia ha crecido tanto que ha dado lugar a un «kitsch de lujo», adoptado por grandes marcas y élites financieras. Expansivo y omnipresente, ya no se limita a los objetos o las imágenes, sino que configura una auténtica civilización cimentada en la lógica del exceso: la civilización del «demasiado».
El sí-mismo ricoeiuriano es un ser que va mucho más allá de su ser mismo; aborda así el ser del otro, de la pluralidad humana y del sentido de vivir-juntos. Precisamente, en su última obra publicada en vida, Ricoeur analiza dicho vínculo en una hermenéutica que nos conduce a la odisea de sí-mismo. Esta obra, por su parte, aporta un diálogo enriquecedor entre la obra de Ricoeur y especialistas de la talla de Marcel Hénaff, Olivier Abel, Richard Kearney, Georges Taylor, Tomás Domingo Moratalla, Pol Vandevelde, Marie-France Begué y Gilbert Vincent. De esta forma, se produce un encuentro intelectual no solo desde la hermenéutica, sino que también desde la fenomenología, la filosofía del lenguaje o el psicoanálisis, entre otros
«¡Hay un lenguaje, existe una palabra que vence a la muerte, y que es, pues, la expresión perfecta de la verdadera grandeza, de lo que la nobleza de espíritu puede conseguir! En cuanto volvamos a emplear ese lenguaje, el amor y el arte volverán a ser capaces de dar forma a la existencia humana. Y así se apagará, por fin, ese incendio que es la "fiesta mundial de la muerte", ese fuego que fue encendido a principios del siglo xx por los seguidores de Grandeza y la Gran Cantidad…»
El estoicismo fue, desde su origen en la Grecia antigua, una filosofía para afrontar la existencia con serenidad, fortaleza y alegría interior. Más de dos mil años después, cuando el ruido del mundo parece ensordecer toda calma posible, Miguel Sandín nos recuerda que el pensamiento estoico sigue siendo la brújula más clara para no extraviarnos en medio del caos.
La paz estoica no es un tratado académico ni un manual de autoayuda: es un viaje personal por una tradición que enseñó a vivir con sentido y a encontrar equilibrio en la adversidad. Con un tono profundamente humano y claro, Sandín nos muestra las enseñanzas de Zenón, Séneca, Epicteto y Marco Aurelio y convierte las grandes virtudes estoicas —coraje, templanza, justicia y sabiduría— en herramientas cotidianas, en un armamento moral capaz de devolvernos el control sobre lo que depende de nosotros y la aceptación serena de lo que no.